Los Agotes
Origen del vínculo entre Nuevo Baztán y los agotes
¿Sabías que la construcción de Nuevo Baztán podría estar vinculada a uno de los grupos más marginados de la historia de la península ibérica? Este enclave fabril impulsado en el siglo XVIII no puede entenderse únicamente como un proyecto económico, ya que su desarrollo estuvo directamente relacionado con la incorporación de población especializada en oficios manuales. En este contexto, los agotes, un colectivo que durante siglos había vivido en una situación de exclusión social, desempeñaron un papel relevante.
Su posible presencia en el origen de Nuevo Baztán se explicaría por su formación en trabajos manuales, resultado delas limitaciones que habían condicionado su acceso a otros medios de vida, lo que permitiría que se integraran en un proyecto que requería precisamente ese tipo de mano de obra.
Un grupo marginado en la historia del norte peninsular
Los agotes fueron un grupo social documentado desde la Edad Media en el norte de la península ibérica y el suroeste de Francia, con presencia destacada en Navarra, en particular en el valle de Baztán, donde se asentaron en núcleos como el barrio de Bozate en Arizcun, población natal de Juan de Goyeneche, y testigo directo de la discriminación que se ejercía sobre los agotes por ser vecinos suyos, y una de las causas que también se alude como razón para traerles a la construcción del nuevo complejo, ya que con esto les salvaría de este maltrato. Su existencia está constatada al menos desde el siglo XI, cuando aparecen mencionados en el Fuero Antiguo de Navarra, lo que indica que ya entonces eran considerados un colectivo diferenciado.
Durante la Edad Moderna, entre los siglos XV y XVII, su marginación se consolidó como una práctica social generalizada. Los agotes fueron objeto de una fuerte discriminación basada en creencias que los identificaban como un grupo impuro o peligroso. Se les llegó a considerar descendientes de leprosos o de herejes, lo que, en una sociedad profundamente marcada por el temor a la enfermedad y por la pureza religiosa, los situaba fuera del orden social establecido.
La asociación con la lepra, una de las enfermedades más temidas y rechazadas socialmente de la época, generó miedo al contacto físico y justificó su aislamiento. Al mismo tiempo, su vinculación con la herejía implicaba una supuesta desviación de la fe, lo que reforzaba su rechazo dentro de comunidades donde la religión era el principal elemento de cohesión social. Estas creencias provocaron desconfianza, rechazo social y una separación constante respecto al resto de la población.
Durante varios siglos, desde la Edad Media hasta bien entrado el siglo XIX, estas ideas se mantuvieron en la sociedad, a pesar de no tener base real, y sirvieron para justificar y perpetuar su exclusión dentro de la comunidad.
Como consecuencia, se les impusieron numerosas restricciones. Vivían en barrios separados, no podían mezclarse con el resto de la población y tenían limitado el acceso a los bienes comunales, como tierras, pastos o montes, lo que en la práctica les impedía dedicarse a la agricultura y la ganadería en igualdad de condiciones. Por ello, quedaron limitados principalmente a oficios manuales como la carpintería, la cantería, la fabricación de utensilios o la música. Asimismo, sufrían una clara discriminación en el ámbito religioso, donde debían ocupar espacios diferenciados y no participaban en igualdad en los ritos. Incluso su contacto físico era evitado, reflejo del temor social que existía hacia ellos.
Los agotes en la construcción de Nuevo Baztán
Juan de Goyeneche impulsó Nuevo Baztán como un complejo fabril que integraba distintas actividades productivas, como la fabricación de vidrio, paños o curtidos, además dela construcción del propio núcleo urbano. Para poner en marcha este proyecto necesitaba una población trabajadora estable y especializada en oficios manuales, especialmente en tareas como la carpintería, la cantería o la albañilería, fundamentales tanto para edificar el enclave como para sostener su actividad productiva.
Para cubrir esta necesidad, es posible que recurriera al valle de Baztán, favoreciendo el traslado de habitantes hacia el nuevo asentamiento. Entre ellos se encontrarían los agotes, cuya situación previa los había orientado hacia estos oficios. Al tener restringido el acceso a la agricultura, la ganadería y a los bienes comunales, se habían especializado en trabajos manuales que encajaban directamente con las necesidades de Nuevo Baztán. Su incorporación respondería, por tanto, a un criterio práctico, ya que aportaban mano de obra cualificada en sectores clave.
Además, su falta de alternativas económicas en sus lugares de origen facilitaría su desplazamiento y asentamiento en el nuevo núcleo, donde podrían acceder a un trabajo continuado. De este modo, la posible llegada de los agotes respondería a las necesidades del proyecto ya las características de una población ya formada en los oficios que este requería.
A día de hoy no hay existe documentación alguna para poder afirmar o negar que llegaran los agotes a Nuevo Baztán. En los libros parroquiales no aparecen nombres ni apellidos agotes, pero también pudo haber sido porque llegaran con nombres falsos para que no se les identificara. Fuera como fuere, a día de hoy no podemos afirmar que Nuevo Baztán se levantara con mano agote pero, tampoco podemos asegurar que no lo fuera.
Integración y fin de la marginación
A pesar de las creencias que durante siglos justificaron su exclusión, los agotes no presentaban ningún rasgo físico claramente diferenciado respecto al resto de la población. Algunas teorías difundidas en su momento señalaban supuestas características distintivas, como la tez blanca, ojos claros, orejas sin lóbulo..., pero estas afirmaciones carecían de base científica y formaban parte de los prejuicios que alimentaron su estigmatización.
A partir del siglo XIX, su situación comenzó a cambiar por varios factores. Por un lado, las reformas legales impulsadas en ese periodo eliminaron muchas de las normas que permitían su discriminación y establecieron la igualdad jurídica entre los ciudadanos. Por otro, el cambio en la mentalidad social, influido por las ideas ilustradas y el avance del conocimiento, fue debilitando las creencias que los asociaban con la impureza o la enfermedad. Además, la convivencia continuada con el resto de la población y los matrimonios entre familias hicieron que su identificación como grupo diferenciado perdiera sentido con el paso de las generaciones.
Tras generaciones de marginación, su presencia dejó de percibirse como algo distinto, desapareciendo progresivamente las barreras sociales que habían condicionado su vida durante siglos y quedando su historia como un ejemplo de exclusión sostenida en el tiempo.









